miércoles, 16 de julio de 2008

Platón, República, 430e-431b

-La templanza -repuse- es un orden y un dominio de placeres y concupiscencia según el dicho de los que hablan, no sé en qué sentido, de ser dueños de sí mismos; y también hay otras expresiones que se muestran como rastros de aquella cualidad. ¿No es así?
-Sin duda alguna -contestó
-Pero ¿eso de ser "dueños de sí mismos" no es ridículo? Porque el que es dueño de sí mismo es también esclavo, y el que es esclavo, dueño; ya que en todos estos dichos se habla de una misma persona.
-¿Cómo no?
-Pero lo que me parece -dije- que significa esa expresión es que en el alma del mismo hombre hay algo que es mejor y algo que es peor; y cuando lo que por naturaleza es mejor domina a lo peor, se dice que "aquél es dueño de sí mismo", lo que cual es una alabanza, pero cuando, por mala crianza o compañía, lo mejor queda en desventaja y resulta dominado por la multitud de lo peor, esto se censura como oprobio, y del que así se halla se dice que está dominado por sí mismo y que es un intemperante.

Traducción de José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano

Tras analizar, en Vigilar y castigar, las disciplinas que en la modernidad los sujetos se aplican unos a otros, Foucault se vuelve, en La inquietud de sí y El uso de los placeres, hacia la antigüedad tardía para buscar los efectos que el disciplinaje libremente asumido por el sujeto tiene sobre la creación del sí mismo. Disciplinar-se o ser-disciplinado, el matiz entre la reflexiva y la pasiva marca la diferencia de enfoque entre aquel primer libro y estos dos últimos; la paradoja que Sócrates descubre de forma brillante en el texto de Platón bien podría haber sido la inspiración del último Foucault.

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